Hace poco estuve remontando el cauce del río Berbellido, que nace a los pies del Pico del Lobo y que se abre paso hacia el sureste a través de parajes muy auténticos y bravíos. Durante aquella larga marcha por aquellas vallejadas plagadas de zarzas y turberas tomé una buena cantidad de fotografías para atestiguar las particularidades geográficas de esos montes ayllonenses.
El artículo sobre aquella jornada se quedó algo corto, y estos parajes inexpéditos son realmente únicos, por lo que considero que no está de más un pequeño reportaje sobre el río Berbellido.
Antiguo puente de troncos aprovecha una zona en la que el río se estrecha. El paso sobre el mismo es poco recomendable, ya que se encuentra en precarias condiciones:
Rincón abrigado a unos 1500 metros de altitud. En estos puntos, a cobijo de las cumbres y los barrancos, la humedad aumenta y la temperatura desciende, un oasis de frescor en medio del horno en que se convierten estos montes durante el estío:
A lo largo de toda la ribera del Berbedillo, como en casi todos los tramos altos de los ríos ayllonenses, crece una masa relativamente importante de abedul, que se extiende remontando algunos arroyos que bajan de las cumbres. Junto a los abedules, se asocia el acebo. El encontrar éste árbol siempre hace que ya merezcan la pena los días en el monte. Estos acebos se reconocen en la distancia por brillar como espejos a la luz del sol:
Pequeño recodo del río:
Algunos paisajes son ciertamente capaces de enmudecer al más ahíto naturalista. El verde intenso de los abedules contrasta fuertemente con el púrpura de los brezales:
Arriesgada vista cenital desde el borde de un barranco sobre una serie de saltos de agua. El saber que posiblemente el hombre jamás haya pisado esas orillas profundas crea en el caminante una sensación extraña:
Más paisajes impresionantes desde la ladera sobre la margen izquierda del río:
La Buitrera de los Lobos(2221m) monta guardia sobre el nacimiento del río:
Un par de ejemplares de serbal de los cazadores(Sorbus aucuparia). Debajo, las aromáticas flores de este árbol:
Los tramos medios y altos de los ríos ayllonenses, como los del Berbellido, son los parajes donde mejor pueden apreciarse los biotopos y paisajes que definen estas montañas, tan cargadas de personalidad y naturaleza.
Por motivos laborales, que me ocupan todo el día, tengo el blog un poco abandonado ya que no tengo tiempo para salir al campo. Aún así, todos los días observo la vida cotidiana de diversas ciudades y pueblos a pie de calle y siempre se dan imágenes y procesos dignos de mención, así que a partir de ahora cargaré con la cámara.
Estos dos últimos días he estado en Trillo, Guadalajara, típico pueblo alcarreño atravesado por el Tajo. Aquí, "paisaje y paisanaje se dan la mano en un entorno recio y austero".
Río Tajo a su paso por Trillo. Huertas bien ordenadas y aprovechadas alrededor, al pie de las propias casas que dan al río. Es tramo de pesca sin muerte, y durante todo el día se pueden ver pescadores:
El Cifuentes atraviesa también el pueblo, dando lugar a un par de cascadas muy lucidas y aprovechables para el sector turístico, al cual está totalmente enfocada la localidad:
Residencias unifamiliares en la parte superior del pueblo. Estas nuevas urbanizaciones se están levantando junto a unos lozanos montes de roble quejigo alfombrados de gayuba:
Igleisa de Trillo con las torres de la central nuclear al fondo:
Hace unos días(29 de mayo) registré aquí un nido de pardillo común, del cual puse un par de fotos de los polluelos recién salidos del cascarón. Esta especie abandona el nido a los 12 días, y así ha sido exactamente, hoy andan dos polluelos haciendo lo que pueden por el jardín, rondados por los padres, mientras uno todavía no se atreve a salir.
Parece que alguno de los pollos no ha conseguido salir adelante o está oculto. Los pardillos sacan al año dos o tres nidadas, todo será cuestión de esperar para seguir viendo la evolución de esta familia.
Esta tarde me he acercado al Sabinar de Tamajón(1100m), paraje que visité por primera vez hace ya un año y que me dejó un muy buen sabor de boca. Este bosque de sabina albar(Juniperus thurifera) es una reliquia de la era terciaria, creciendo sobre un impresionante karst o relieve calizo que forma simas, torcas, sumideros y cuevas por doquier.
Hoy he hecho prácticamente el mismo recorrido que el pasado año, partiendo de la ermita de la Virgen de los Enebrales en Tamajón para llegar hasta Almiruete, pequeño y agradable pueblo a unos cinco kilómetros. El día ha estado bastante fresco y relajado, óptimo para disfrutar de la tranquilidad y la fauna de este aromático bosque prehistórico.
En la primera visita hice el recorrido monte a través, viéndomelas con un bosque impenetrable plagado de jabalíes, que me rondaron toda la jornada. Hoy no me he complicado y he atravesado el sabinar rápidamente por pistas y sendas. No han faltado los corzos, las perdices, los lacértidos y un zorro, ya con el pelaje de verano.
Nada ha cambiado aquí durante este año. Todo sigue exactamente igual. Recordaba la mayoría de los árboles viejos con los que me he cruzado, que siguen ahí en silencio. Al llegar a Almiruete, donde el reloj también se ha parado, la escena fue familiar. El mismo gato blanco y negro seguía haciendo guardia junto a la primera casa. Se acercaron a saludarme los mismos perros, como si me recordaran. Ahí seguía cuidando sus perales el anciano que hace un año hacía lo mismo, al igual que su vecino con el que entonces estuve hablando de jabalíes. La atmósfera tranquila y silenciosa de este pueblo bien avenido era la misma. Llené la cantimplora en una fuente que data de 1794 y volví al bosque.
Imágenes
El sabinar está atravesado por el arroyo Valdelapuerta, seco la mayor parte del año por la porosidad de la caliza. Aún así, el paso de los siglos y la maleabilidad de la roca han creado un discreto cañón de caliza en medio del bosque:
La foresta está plagada de vida salvaje y pueden encontrarse rastros de animales por doquier. En la imagen inferior, una sabina y una encina rozadas por jabalíes. La corteza está desgastada y llena de barro seco y cerdas de pelo de los verracos:
Piel de serpiente; por el tamaño(1.5m) y el grosor, pese a estar ya muy seca y encogida, seguramente se tratara de una culebra bastarda:
Cerezas recogidas cerca de Almiruete, de un cerezo asilvestrado. No hay nada tan bueno como la fruta recogida directamente en el monte:
Como el verano anterior, un bonito atardecer entre las sabinas:
No sabría decir el estado en el que se encuentra el sabinar. Por una parte, se pueden encontrar sabinas jóvenes y pequeños brotes en algunos sectores, lo que indica que el bosque está pujante, pero en determinadas zonas la encina, mucho más adaptable, está ganando terreno.
Dejo un par de fotos del nido de pardillos comunes(Carduelis cannabina) que tengo criando en el jardín. También hay cerca un nido de mirlos, aparte de los estorninos negros y los gorriones que sacan adelante a su prole en el tejado y los canalones.
Es el primer año que veo pardillos por Meco, y siempre es buena noticia ver que han venido para quedarse. Son inconfundibles por la pechera rojiza del macho en esta época.
Hoy he remontado el valle del ayllonense río Berbellido, curso que nace a los pies del Pico del Lobo y que desemboca en el Jarama. A través de este río de montaña, de aguas puras, puede uno acercarse no sin ciertas dificultades a los paisajes bravíos tan propios del Macizo de Ayllón, del Ayllón más agreste de los abedules, los serbales y los acebos. Para remontar a pie el Berbellido, partí desde el pequeño pueblo de Bocígano, de cinco vecinos, a 1364 metros de altitud sobre el nivel del mar. Una solitaria jornada más en contacto con la naturaleza, con la fauna y la flora como única compañía.
Un inhóspito valle de montaña
El Berbellido se abre paso entre grandes alturas dando lugar a una interesante sucesión de vallejadas y barrancos, paisaje típico del Macizo. Inicialmente, dejé Bocígano por detrás de la iglesia, por una callejuela que de inmediato se funde con la tierra y penetra en el robledal, para descender por una senda hasta el río, el cual puede cruzarse por un rústico puente de piedras y troncos bastos. A partir de aquí, no queda sino apañárselas para tratar de avanzar durante casi ocho kilómetros hasta la confluencia de arroyos que dan lugar al Berbellido.
Y digo apañárselas porque la senda que se toma desde el pueblo está tan sumamente invadida por matorrales(brezo, codeso, zarzas, espinos y retamas) que bien puede decirse que es inexistente y trae más cuenta seguir las trochas de las vacas, igual de intransitables o más. De un modo u otro, hay que empujar el ramaje con todo el peso del cuerpo, arañarse, enharinarse con las esporas de brezo y hundirse de cuando en cuando hasta la rodilla en alguna turbera.
Esta fotografía, entre helechos y brezo, es muy representativa de la senda que remonta el río. En multitud de tramos es necesario reptar para conseguir atravesar la vegetación. Los más sencillos requieren empujarla con los brazos, haciendo frente a las zarzas.
Pero aquel que ame estas tierras gustará de fundirse y luchar con ellas, para verse los brazos y los hombros marcados profundamente por una vegetación tan áspera como las queridas piedras sobre las que se sustenta. Y el que tampoco la ame tanto, que busque la acequia que sigue el mismo camino, isohipsas arriba.
Durante el trayecto, entre el calor, los abundantes insectos y el asfixiante polen de brezo que tiñe la ropa de blanco y cubre la cara y el pelo como harina, es una bendición encontrar estos pequeños regatos que bajan de las cumbres. Entonces, nada como cavar un poco, dejar que se acumule el agua y refrescarse a placer.
El inhóspito valle del río Berbellido. Fuerte pendiente, densa vegetación y ningún camino definido.
Valores naturales
Al poco de dejar el rebollar(Quercus pyrenaica) que circunda el pueblo, ascendiendo por una vertiente pelada, comienzan a aparecer ejemplares de abedul(Betulsa sp.) de forma muy abundante, tanto a lo largo del Berbellido como de los torrentes tributarios; estos abedules son inconfundibles por sus hojas corazonadas levemente aserradas y por la corteza nívea. En algunos recodos especialmente húmedos se dan asociados con acebos, árbol que siempre es una alegría encontrar. Por las lomas aparecen salteados rodales de roble y algunos ejemplares aislados de serbal(Sorbus aucuparia), de tronco plateado y flores blancas profundamente aromáticas.
Sin embargo, por el valle del Berbellido el matorral es protagonista absoluto, puesto que parece que quiere echarnos de allí. Destaca el brezo blanco(Erica arborea) que ronda muchas veces los dos metros de altura; ahora está florido y presenta las dos variaciones, blanca y violeta. En cualquiera caso, rozarlos significa liberar las esporas y terminar cubierto de polvo blanco. Junto al brezo crecen también retamas igualmente altas, cambrones y zarzas, conformando unas garrigas coloridas e inhóspitas.
En el apartado de la fauna, sobre todo hay que mirar al cielo. Por estos valles campean buitres leonados, águilas reales y águilas calzadas, estas últimas, acosadas con frecuencia por las cornejas negras. Los mirlos son especialmente abundantes, emergiendo del matorral junto con las perdices. El corzo se esconde en el robledal, que sirve también de refugio a la ardilla roja. Todos estos animales son fáciles de observar.
Pero si hay aquí algo espectacular, aparte de la flora, son las montañas que rodean el río. Cuando nos acercamos al final, tenemos a poniente la Loma de Cabeza Pinillo, de 2050 metros. Al frente, de donde viene el río, se levanta la piramidal Buitrera de los Lobos, que asciende hasta los 2221m, y finalmente, a levante, La Cebosa, de 2048m. Todas ellas, salvo la última, son precedentes de cumbres aún mayores.
Imágenes
Topo(Talpa occidentalis) en el robledal de Bocígano:
Brezo blanco en su variedad nívea. Inconfundibles flores pequeñas, con forma de campana:
El brezo también se desarrolla aquí en su coloración violeta. Esto da lugar a imágenes totalmente espectaculares: los tristes montes de Ayllón tapizados de púrpura:
Abedules en la ribera del Berbellido. En los rincones más húmedos y guardados, donde la temperatura desciende notablemente, aparece asociado con ejemplares aislados de acebo:
La Buitrera de los Lobos(2221m), antecedente del Pico del Lobo(2273m)
Alrededores de Bocígano:
- Cartografía utilizada: Mapa "Sierras de Ayllón y Ocejón", 1:50.000
Nota: mando un agradecimiento y un cordial saludo a Manuel Rincón, ya que sin su "Andar por el Macizo de Ayllón" no habría descubierto muchos de estos parajes tan auténticos y salvajes.
Esta semana he tenido la oportunidad de regresar a un paraje espectacular que encontré el pasado mes de diciembre en Sierra Morena. Aquel día remonté el cauce del arroyo Benalija hacia poniente, buscando unas umbrías y vallejadas que a través del útil Google Earth me parecieron geográficamente interesantes.
El rehacer ahora en primavera este camino labrado por conejos, ciervos y vacas me ha permitido apreciar y disfrutar los contrastes que se dan en este ecosistema de monte mediterráneo donde al agua es fundamental para la vida.
Este enclave es un pequeño espacio de naturaleza integral muy bien conservado en medio de la inabarcable superficie de fincas de propiedad privada(hasta un 99% del total según el municipio) de Sierra Morena. La mayoría de estas fincas valladas son dehesas y montes dedicados a la explotación cinegética, un aprovechamiento que, pese a la desnaturalización y prostitución de los grandes herbívoros, ha mantenido prácticamente inalterados los espacios naturales conservando una amplia riqueza faunística.
En esta salida no tenía un objetivo concreto más allá de disfrutar de este privilegiado entorno natural y observar los cambios que el incipiente verano ejerce en un ecosistema de monte mediterráneo casi puro. El paraje descrito aquí es especial dado que está determinado por una serie de umbrías y vallejadas arboladas que rodean el lecho del río, el cual ha labrado de forma caprichosa un roquedo de calizas marmóreas dando lugar a una serie de saltos, cañones y pozas. Aparte del interés geográfico, no puede obviarse la belleza de los paisajes y el atractivo que tienen la dureza de lo salvaje y la ausencia de caminos definidos.
Paraje que en la cartografía aparece como El Chorreón. El cauce del río ha labrado un amplio afloramiento de calizas marmóreas dando lugar a una serie de formas caprichosas. Por las mañanas, culebras viperinas y de herradura se solean en el roquedo.
Primavera en el monte mediterráneo
La primavera y el calor han tenido un efecto muy intenso sobre estos parajes: es la estación del resurgir. El caudal del río es ya notablemente bajo, lo cual se traduce en un intensísimo olor salino y en algas secas por todo el cauce. La vegetación que rodea la ribera es un despliegue de colores y aromas: las jaras, jaguarzos y encinas se encuentran en flor, el sotobosque es profundamente aromático y las gramíneas y plantas ribereñas llegan hasta el pecho, siendo un paraíso para todo tipo de insectos. Ruiseñores bastardos, oropéndolas y todo tipo de aves colman el ambiente con sus cantos. Las culebras toman el sol en las rocas mientras ranas, peces y galápagos deambulan por el agua. Me resultó fascinante cómo en algunos tramos del río los ranúnculos cubrían totalmente el agua como un manto blanco.
Puro monte mediterráneo. En primer término aparece un canchal de pizarra muy bien definido.
Una naturaleza hostil
Tengo que decir que esta jornada ha sido una de las más duras que he experimentado hasta el momento, lo que me ha recordado que nunca ha de subestimarse la naturaleza aunque estemos en un entorno que conozcamos bien.
Inicialmente, el camino que tomé discurre durante unos cinco kilómetros de forma paralela al río. Contemplar el paisaje era idílico, pero recorrerlo no; la humedad y el calor han hecho explotar las gramíneas y la irritante vegetación ribereña: ambas me llegaban por el pecho, haciendo el camino estresante y siendo imprescindible el uso de bastón para empujar el ramaje y asegurar donde ponía los pies. El ambiente estaba colmado de incómodos insectos, mientras que las garrapatas, algunas del tamaño de una microSD, me trepaban por los pantalones y se agrupaban en la entrepierna, teniendo que parar a la mínima oportunidad para retirarlas, todo en medio de un calor de justicia(35ºC a principios de mayo, con una sensación térmica mayor).
Sin embargo, lo peor fue el sol de castigo que me ha acompañó todo el día, hasta el punto de obligarme a tomar refugio a la sombra de un acebuche a primera hora de la tarde dado que era imposible continuar. A pesar de la tortura del sol y el calor que abrasaban el cuello y los brazos, tengo que decir que aquí he tenido uno de los momentos más reconfortantes y placenteros de mi vida: zambullirme desnudo en una poza del solitario río, entre peces, ranas y culebras de agua, encontrando en sus aguas el frescor que necesitaba.
Imágenes
Umbría de la Breña, enclave cubierto de alcornoques, encinas y acebuches:
No se trata de una pradera florida, sino de un espectacular manto de ranúnculos(Ranunculus aqualitis) que cubre totalmente la superficie del río:
Fotografía ampliada. En el centro se puede distinguir una hembra de ciervo(Cervus elaphus) con la que me crucé en dos ocasiones durante el día. El hecho de que anduviera sola por estos parajes hace pensar que tal vez estuviera buscando un lugar tranquilo antes de parir:
Galápago leproso(Mauremys leprosa) se solea encima de una roca:
Culebra viperina(Natrix maura) de buen tamaño, aproximadamente un metro, máximo en la especie. Además de este gran individuo adulto, abundan ejemplares de todas las edades en el agua. Esta especie es muy abundante en estos cursos serranos. Durante el estío, no es raro que se acumulen varios ejemplares jóvenes de diversos colores en las pozas y remansos que aún alberguen agua:
Culebra de agua(Natrix natrix) junto a un banco de peces. En el agua, la vida bulle por doquier:
Pequeños cortados de calizas marmóreas forman la antesala de una poza colmada de peces y ranas. El lecho está cubierto de resbaladizas algas oliváceas que dotan a las aguas de un color insalubre muy característico:
En las aguas de estos parajes tan solitarios y llenos de vida natural, donde ya nunca pisa el hombre, es toda una experiencia refrescarse en paz junto a la fauna que discurre por todas partes:
Para terminar, un poco de Geografía gastronómica. Tras una dura jornada en el campo, nada mejor para reponer fuerzas que acercarse a un bar y tomar el típico serranito de Sierra Morena:
He estado esta semana en Galicia y no podía dejar pasar la oportunidad de dedicar al menos unas horas a reconocer sus bosques atlánticos, tan diferentes de las homogéneas masas de pinos, encinas y melojos que pueblan la mayor parte de las zonas naturales del centro peninsular. Ha sido la primera vez que me he adentrado en bosques de roble carballo, y como siempre, no he dejado de asombrarme ante las maravillas de la naturaleza.
Me encontraba en el concello orensano de Nogueira de Ramuín, en plena Ribeira Sacra, frontera natural entre las provincias de Orense y Lugo. Esta región tiene la peculiaridad de que junto al característico clima gallego(de tipo atlántico continentalizado) en las zonas fluviales aparece un microclima mediterráneo, que favorece el desarrollo de especies sureñas como el alcornoque o el madroño dentro de la carballeira.
Tuve la suerte de que mi alojamiento se encontraba justo en el Cañón del Sil, sobre la fuerte pendiente que va a parar al río. Por falta de tiempo, opté por seguir una ruta definida que me llevaría hasta las orillas del Sil. El camino resultó ser la Ruta de San Xoan de Cachón, que parte del monasterio de Santo Estevo hasta una antigua ermita de anacoretas: el camino, de 2.5 kilómetros bien adecentados y mantenidos sin prostituir la naturalidad del monte, atraviesa los agrestes bosques autóctonos hasta llegar al río Sil. El descenso es sencillo, pero el ascenso requiere un fuerte esfuerzo aeróbico, que bien merece la pena por atravesar en paz y absoluto silencio esta selva norteña. Esta ruta de los Caminos Naturales gallegos es un encanto al encontrar en el camino muros y ermitas abandonados cubiertos de musgo y helechos.
La especie característica de toda la región es el roble carballo(Quercus robur), vegetación potencial de las regiones septentrionales de clima húmedo, desde el mar hasta los 1000 metros de altitud. La especie ha soportado siglos de destrucción generalizada hasta quedar ahora apenas jirones o manchas de lo que debió ser una selva continua que antaño hubo de cubrir desde la Iberia atlántica hasta Escadinavia. Sin embargo, esta región de Galicia está muy bien conservada y el roble carballo es el protagonista absoluto. Aquí, el robledal es oligotrófico, asentándose en suelos ácidos y pobres sobre cuarcitas y pizarras.
El roble carballo forma en los Cañones del Sil bosques mixtos: fragas y soutos en los que crece junto con castaños(Castanea sativa) y avellanos(Corylus avellana). Aparecen repoblaciones de pino marítimo y abeto de Douglas, especie que reconocí al frotar en las manos sus acículas, quedando una resina con olor a mandarina. El sotobosque de estas carballedas es rico, formado por lastones, gramíneas y amplios helechales que nos transportan al Carbonífero, mientras ascendienden sobre los grandes robles y castaños diversas plantas epífitas.
Paisajes característicos de profundo verdor en estos bosques de roble carballo y castaño de los cañones del Sil:
Castaño muy deformado. Abundan los ejemplares centenarios junto a castaños jóvenes. Ahora comienzan su foliación, que ya es adelantada en los robles, lo cual permite distinguir ambas especies en la distancia:
El microclima mediterráneo de la Ribeira Sacra favorece la presencia de especies propias de latitudes meridionales, como este alcornoque, de inconfundible corteza resquebrajada y esponjosa:
Avellanos en medio del bosque:
Helechares de helecho común(Pteridium aquilinum)
Río Sil, recorriendo la Ribeira Sacra entre carballedas:
Estos bosques son una auténtica despensa natural. Corzos y jabalíes encuentran sustento infinito en las bellotas, avellanas y castañas, mientras que el dosel del bosque da cobijo a innumerables especies de paséridos y micromamíferos(lirón gris, ratón leonado, etc) que alimentan a su vez a los abundantes zorros, garduñas, gatos monteses, milanos negros y cárabos.
Estoy pasando unos días en la Ribeira Sacra, zona que comprende las riberas de los ríos Miño y Sil, entre las provincias de Lugo y Orense. Un área de impresionantes cañones y barrancos entre bosques atlánticos con una fuerte influencia mediterránea.
Desde el punto de vista físico, la Ribeira Sacra destaca por los espectaculares Cañones del Sil, una profunda garganta de origen tectónico: el Sil discurre durante 35 kilómetros entre las fracturas de grandes bloques de granito levantados. El resultado es un sobrecogedor paisaje de barrancos con desniveles de entre el 70 y el 100%, cubiertos de una densa vegetación, que ocupa las laderas que en determinados enclaves caen a pico desde 500 metros.
Biogeográficamente, la climatología de la zona ha determinado la vegetación. En las altiplanicies que rodean el Cañón del Sil, se da un clima atlántico continentalizado típicamente gallego, mientras que a lo largo del curso del río existe un microclima mediterráneo que ha provocado la existencia de especies que de otra manera no se desarrollarían aquí, como alcornoques, madroños y olivos. En pocos cientos de metros podemos pasar de contemplar bosques mixtos de roble albar y castaño a tropezar con encinas y lavandas.
Los paisajes de los Cañones del Sil son absolutamente espectaculares. Se aprecia claramente la convivencia entre especies de árboles atlánticas junto a otras típicamente mediterráneas:
Esta modalidad de explotación vinícola es característica de la zona. Las viñas se levantan en bancales a lo largo de las escarpadas laderas, siendo inexistente la mecanización de las tareas agrícolas. Es de destacar la presencia de naranjos(en la imagen, los cuatro arbolillos que hay abajo, sobre la barca) en todos los viñedos, dado que esta especie atrae los parásitos antes que la vid:
Lagarto ocelado(Lacerta lepida). Son fáciles de observar por toda la ribera. En torno al embarcadero de Santo Estevo permiten buenos acercamientos, al estar acostumbrados a la proximidad de la gente. Artículo publicado desde el Parador de Santo Estevo, concello de Nogueira de Ramuín, Orense, entre el ulular de los cárabos.
Aprovechando la buena predicción meteorológica, hoy me he acercado de nuevo a "mi laboratorio" para una nueva salida de campo. Quería conocer más de cerca el cauce del río de la Hoz(como se conoce al Sorbe en sus primeros kilómetros), que había explorado por encima hace un par de meses. Para ello, esta vez me acerqué hasta Cantalojas, villa ganadera bien conocida por tener dentro de su término municipal el Hayedo de Tejera Negra, donde nace el propio río.
Río de la Hoz, zona recorrida hoy. Imagen de Google Earth.
Desde el pueblo, al amanecer, tomé dirección sur a través de sus amplias masas de Pinus sylvestris bastante bien naturalizadas, que permiten tener una buena perspectiva de la dinámica de un pinar maduro. Se realiza una discreta explotación maderera en los límites cercanos a la localidad, pero más adelante el pinar crece libre y algunos de los sylvestris alcanzan tamaños destacables.
Al cabo de unos pocos kilómetros alcancé el impresionante valle del Río de la Hoz, de profundos barrancos y fuertes pendientes. Por fortuna, una pista forestal permite el acceso al bajar serpenteando hasta el cauce. El lugar parece frecuentado por pescadores; además, existe la única taína(encerradero de ganado) todavía acondicionada y en uso que he visto en el Macizo. Desde el fondo del valle la perspectiva de los barrancos y laderas es espectacular: al norte, el Alto de las Cabras supera los 1500 metros, mientras que al sur la Loma del Pinarejo ronda los 1700, más de 400 metros por encima del cauce del río.
Las riberas del Río de la Hoz son un reducto de interés botánico. Aparte de las encinas, robles melojos y pinos silvestres de las laderas, junto al río crecen algunos ejemplares de abedul, inconfundibles en la distancia por la corteza nívea. En la vertiente sur, existe una buena formación de acebos, que en invierno destaca como un crisol de espejos entre los robles desnudos.
La jornada ha merecido mucho la pena no sólo por el habitual disfrute de los paisajes y la soledad ayllonenses y el contraste entre los distintos ecosistemas, sino también por la fauna: aparte de los encuentros con corzos, ardillas, carboneros y herrerillos entre otros, hoy he podido observar a placer un zorro y he tenido la suerte de toparme con el mirlo acuático, bioindicador de la pureza del río de la Hoz.
Fotografías:
Zorro sorprendido muy de mañana. Se puede observar el abundante pelaje de invierno: Corzo alimentándose en los pinares de Cantalojas. A lo largo del día he llegado a contar más de 20 ejemplares, tanto solos como en parejas: La luz directa del sol delata a los acebos en medio del robledal. A mediodía, sus hojas coriáceas brillan como espejos: Habitual paisaje de barranqueras y rebollares en el Macizo: Las aguas cristalinas del Río de la Hoz permiten ver los afloramientos del fondo del cauce: Pozas y cascada:
Cartografía: Mapa "Sierras de Ayllón y Ocejón", de la Tienda Verde. 1:50.000
Esta tarde he dado un paseo con el perro por los campos cerealistas entre los municipios de Meco y Azuqueca de Henares. Junto a la carretera que une ambos pueblos, entre viveros, cuadras y cerca del Canal de Henares aparecen algunos pequeños bosquetes de pino piñonero y plantaciones del género Populus en torno a un par de albercas de riego. Fui para reconocer la zona y echar un vistazo al estado de uso y explotación de estos llanos, de cara a buscar temas que tratar en una colaboración que estoy llevando con una revista local.
La fauna ha sido más o menos la habitual: grupos de urracas, torcaces y algunas perdices, mientras el perro se dedicaba a molestar a las pobres liebres. Destacar los rastros en los árboles de la actividad de corzo, cuyas poblaciones, procedentes de Guadalajara, se están asentando definitivamente en estas pseudoestepas madrileñas.
Canal del Henares:
Escodadura de corzo(Capreolus capreolus) en una rama de ulmácea:
Liebre(Lepus granatensis) asoma la cabeza con cautela sobre los brotes de cereal:
Culebra viperina(Natrix maura) de muy corta edad encontrada en una pequeña zona encharcada derivada de una alberca de riego:
La provincia de Guadalajara no cuenta únicamente con la Alcarria o el solitario Macizo de Ayllón como atractivos geográficos: existen unidades paisajísticas que unen ambos mundos. Hace algo más de un año que comencé a descubrir los atractivos del Macizo al norte de la prinvincia; para alcanzar sus soledades desde Guadalajara capital, es obligatorio seguir la carretera CM-1004 que, antes de llegar a Tamajón, cruza la subcomarca alcarreña conocida como "La Ribera", antecedente del Macizo y que define una zona geográfica intermedia entre las campiñas y las grandes alturas de la sierra.
En aquellos primeros acercamientos me dediqué a visitar los pequeños pueblos ribereños definidos por la compleja hidrografía natural que conforman el Jarama y el Sorbe, ya maduros, una vez han abandonado las montañas: una red hídrica sobredimensionada por el reordenamiento de aprovechamientos hidrológicos tan característico de la geografía del norte de Guadalajara, salpicada de embalses como el de El Vado o el de Beleña y canalizaciones como el Canal del Jarama.
Una de las localidades más curiosas de La Ribera es Puebla de Vallés. A pesar de que su nombre más bien evoca los verdes parajes norteños que los secarrales castellanos, se trata de una templada localidad enclavada en un espectacular paraje de cárcavas arcillosas de un profundo color rojizo y de origen férrico, que afloran en este fértil sector desde el Jarama al Sorbe.
Puebla de Vallés, rodeada de cárcavas de arcilla.
Antaño, el paraíso que era el joven Jarama convertía estas riberas en un vergel para la fauna, la flora y los habitantes locales. Tras un convulso pasado dedicado a la explotación agraria minifundista, sencilla por la humedad y la fertilidad de estos valles premontanos, hoy en día la geografía rural de Puebla de Vallés ofrece una triste lectura. Unido al abandono progresivo de los aprovechamientos tradicionales, el alivio periódico del embalse de El Vado ha desbaratado muchas tierras de labor, que se extinguen poco a poco, paralelamente al abandono y descuido de las riberas de ríos y arroyos. Por aquí se adivinan fácilmente algunas lamentables estampas heredadas de aquella gestión criminal del ICONA varias décadas atrás, que sometió tradición y biodiversidad para plantar pinos.
Actualmente, la vida en Puebla de Vallés se reduce a un tranquilo mantenimiento de los huertos.
A pesar de todo, tanto en los alrededores de Puebla de Vallés como en otros municipios de La Ribera(Valdesotos, Tortuero, Retiendas, Muriel, etc) la naturaleza, tras décadas difíciles, se ha recuperado de las agresiones y comienza a prosperar. Junto a los cauces crecen álamos, olmos, sauces y majuelos, además de frutales asilvestrados, que constrastan con las encinas, robles y sabinas cada más abundantes según ganamos altura hacia las cercanas montañas. A destacar, en el apartado de la fauna, la pareja de águila imperial(Aquila heliaca adalberti) que campea por la zona.
Actualmente, Puebla de Vallés tiene 97 habitantes censados, de los cuales únicamente 30 son permanentes. La vida del pueblo está totalmente supeditada al turismo rural y a la vida que traen los fines de semana y las vacaciones, cuando los hijos de la tierra vuelven a sus antiguos hogares. Como curiosidad, el gentilicio local, derivado del entorno, es "coloraos".
La percepción del espectacular paisaje de verde mediterráneo y cárcavas sanguinas recuerda inmediatamente al oeste americano, y puede decirse que la quietud y simple sencillez del pueblo acentúan esa impresión. Una pieza más en este desconocido y complejo puzzle de espectaculares constrastes que es el norte de la provincia de Guadalajara.
El paisaje es particular tanto desde dentro del pueblo(foto superior) como en los alredores(foto inferior). Atención a la arquitectura, en su mayor parte respetuosa con el croma del entorno.
Dejo unas fotos que he tomado esta semana en Barcelona. La impresión que me ha transmitido la ciudad ha sido muy positiva: una ciudad abierta, orgullosa, cosmopolita y bien hecha; el contraste que la historia ha creado entre los distintos barrios es enriquecedor, creando un ambiente colorido que oscila entre lo castizo y lo moderno.
Es muy interesante la vida cotidiana enfocada a la calle, mucho más acentuado que otras urbes españolas como Madrid o Sevilla más allá del simple tiempo de relax. En Barcelona, por doquier se encuentran arte urbano y conciertos callejeros, donde los peatones se arrancan a bailar, algo que maravilló a mi acompañante francesa ("This is just in Spain", decía)
Barrio Gótico, uno de los cuatro que forman el distrito de Ciutat Vella. No hay duda de que la mejor manera de conocer una ciudad es recorriendo a pie sus calles sin rumbo definido, algo muy recomendable en este barrio, donde(a pesar de las remodelaciones, desamortizaciones y reordenamientos) todavía se conserva el sabor de la época medieval dentro de una de las ciudades más cosmopolitas del mundo:
La animada Rambla, orientada totalmente hacia el uso peatonal a partir del último tercio del siglo pasado, cuando se dejó de lado el uso financiero, el cual fue reorganizado a partir de los Juegos Olímpicos que revitalizaron la ciudad. Se dice que La Rambla es una de las calles más bonitas de Europa, al igual que una de las que soportan mayor delincuencia: nada raro si tenemos en cuenta la ingente cantidad de turistas descuidados.
Tenía la habitación en plena Rambla, muy cerca del Liceu. Desde la ventana tenía una vista privilegiada de los contrastes de la ciudad. Podía ver los imitadores y mimos, de jornada ininterrumpida, junto a los artistas urbanos que pintan caricaturas y escenas de flamenco y toros. En la acera opuesta, en una pequeña plazoleta, vivía un grupo de mendigos con sus perros, ajenos a los miles de turistas. De noche no finalizaba el ajetreo, desde la gente que salía de copas hasta los que hacían footing de madrugada. La Rambla es uno de esos lugares donde puede comprarse un libro a las 3 de la mañana. Mención especial al monopolio que los inmigrantes indios tienen de las tiendas de souvenirs: todos ofrecen los mismos productos edulcorados en todas las tiendas por un "40% de descuento, sólo aquí amigo".
A partir del monumento a Colón, la Rambla continúa sobre las aguas del puerto a partir de un amplio paseo de madera denominado Rambla del Mar, que lleva hasta el Maremágnum, centro de ocio. Los bordes del paseo sobre el mar hacen las delicias de los turistas. Un amigo de la ciudad me comentó que, cuando la Rambla del Mar y el Maremagnum se abrieron al público, fue la zona nocturna favorita de los barceloneses hasta que los inmigrantes comenzaron a desplazarse a la misma, momento a partir del cual la mayoría de los españoles prefirieron otras zonas.
Mercado de La Boquería, el mayor mercado de España, lugar emblemático de la ciudad por su valor arquitectónico y como radiografía cultural del barrio. Se sitúa en plena Rambla, extendiéndose lateralmente por la misma, dado que los puestos de venta de animales y plantas ornamentales también forman parte de la vida del mercado. Aquí se pueden encontrar todo tipo de productos frescos adquiridos por todo tipo de compradores. Se puede observar como cobra cada vez más importancia el comercio étnico, algo que llama también la atención en otros mercados tradicionales como el Maravillas en Madrid.
Por último, video de un concierto callejero en el Port Vell. Tanto aquí como en otras áreas peatonales como la Plaza de Cataluña es sencillo encontrar estos espectáculos, que proporcionan a la ciudad un ambiente muy animado y agradable:
El pasado mes de diciembre intenté llegar al pueblo ayllonense de Peñalba de la Sierra(1282m); sin embargo, las carreteras estaban sepultadas bajo la nieve, no pudiendo alcanzar el pueblo quedándome a 4 kilómetros del mismo, en un acercamiento que, visto hoy cómo son estas carreteras incluso sin nieve, fue una temeridad, sobre todo atravesando "la gran muralla" entre Roblelacasa y Corralejo con dos palmos de nieve y sin cadenas.
Hoy, tres meses después el tiempo ha acompañado y he podido alcanzar la aldea más ignota de todo el Macizo de Ayllón: Peñalba de la Sierra. De este aislamiento da buena cuenta Manuel Rincón, quien comenta que “Del aislamiento geográfico que padece esta aldea da idea el hecho de que sólo reciben el pan cada 15 días, teniendo que desplazarse a la vecina Cabida entre tanto, para reponer la despensa. Y en el lado del espíritu queda por decir que se oficia una Misa una vez al mes”. Esta cercana descripción es fiel reflejo de que aquí la vida es dura, más aún teniendo en cuenta que actualmente viven en el pueblo tan sólo cuatro vecinos.
A pesar de todo, Peñalba subsiste en medio de un valle templado, a cobijo del pico Morra del Segoviano(1755m) y otras alturas similares. Además del indudable atractivo de su situación ignota, aquí puede disfrutarse una rica naturaleza. En Peñalba existen una espectacular cascada, roquedos de curiosas formas geométricas, robles hercúleos y lo más especial de todo: hayas y acebos que han sobrevivido a la explotación secular no se sabe cómo: esos eran los lugares a visitar en esta salida.
Cascada del Cañamar
Ayllón no es rico en crusos hídricos, pero los pocos destacables que hay salpican el Macizo de rincones que son pequeños paraísos. Paralelo a Peñalba corre el arroyo Cañamar, afluente del río Jaramilla. Siguiendo el curso de la corriente por un camino de herradura se llega en poco tiempo a un paraje abrupto desde el cual se divisa desde arriba una espumosa cascada fruto del plegamiento. No sin dificultad, puede llegarse a los pies del chorro, que ahora en los meses de deshielo es un verdadero espectáculo. Junto a su poza crece un roble enorme rodeado de majuelos, escaramujos y helechos. Se dice que hasta hace poco tiempo la vegetación hacía imposible llegar a la chorrera, pero parece que un paisano, podadera en mano, se decidió quien sabe para qué a hacer un camino. Si dejamos atrás el salto de agua y se sigue adelante, el Cañamar desemboca en el Jaramilla, que varios kilómetros más adelante lo hace a su vez en el joven Jarama.
Robles, hayas y acebos en la Dehesa
Durante siglos se conservó en Peñalba una dehesa boyal de Quercus pyrenaica(roble melojo) como terreno comunal para el ganado vacuno y la extracción selectiva de leña. Actualmente se encuentra bien conservada, y entre los ejemplares jóvenes, persisten algunos robles centenarios y venerables tan enormes que son capaces de dejar a uno sin palabras, que hoy ya sólo temen a los rayos. He constatado que varios de estos gigantes desprenden un fuerte olor acre, lo que demuestra que son lugares querenciales para nuestros valiosos mamíferos predadores.
Ascendiendo por la dehesa, siguiendo el curso de uno de los regatos que la atraviesan, divisé a lo lejos una amplia mancha verde brillante entre la columnata blanquecina que forman los robles sin sus hojas. Al acercarme, esta formación resultó ser una acebeda en un magnífico estado de conservación, con vetustos ejemplares de varios metros de altura y plateados troncos retorcidos, mostrando sus hojas lustrosas al sol. Junto a los acebos crecen también varios ejemplares de haya, que permanecen aquí como un relicto y que, según se cuenta, antiguamente llegaban desde Peñalba hasta los hayedos septentrionales de Tejera Negra y La Pedrosa.
Pico Águila
La dehesa de roble tiene su límite norte en la ladera occidental del Pico Águila(1652m), un monte pelado con un escarpado afloramiento de cuarcita y canchales en su cumbre que se prolonga a través de la Loma de las Cabezas, de nombre muy acertado puesto que tras superar un complicado afloramiento rocoso enseguida aparece otro más difícil de abordar que el anterior, a modo de una serie de cabezas que coronan la loma. El Pico Águila se caracteriza además por presentar gran variedad de formas geométricas producto del ataque de la crioclastia y otros tipos de meteorización sobre las cuarcitas: surgen así grandes bloques fragmentados(falsenmeer o manto de derrubios) que parecen cortados a cuchillo, canchales traicioneros y columnas casi perfectas.
Así pues, me permití una experiencia montañera ascendiendo el Águila, para tener perspectiva. Desde el vértice geodésico del pico se otea perfectamente esta parte de la zona central del Macizo. Al norte se divisa la Sierra de Tejera Negra, donde destacan La Tiñosa(1971m) y La Atalaya(1887m), en cuyas faldas se rodaron documentales de Félix Rodríguez de la Fuente. Al este aparece el Regajo de la Yeguas(1810m) y al oeste La Cebosa(2048m). De este modo, se percibe cómo Peñalba se cobija de lo más crudo del invierno en medio de una hoya espléndida.
A modo de curiosidad, en la ladera oriental del Águila puede verse la aldea abandonada de La Hiruela Vieja, o La Hiruelilla, como se la conoce localmente. Este villorrio estuvo poblado hasta los años cincuenta. Hoy sólo quedan en pie unas cuantas paredes de pizarra negra, que aprovecha el ganado vacuno de Peñalba para sombrearse.
Fotografías
Cascada del Cañamar: Hojas de acebo: Acebeda en la dehesa boyal de Peñalba. Las bayas de los acebos y los hayucos la convierten en lugar querencial para la fauna silvestre: Pie de haya(Fagus sylvatica). Existe un rodal de unos veinte ejemplares en la dehesa de Peñalba. Asimismo hay hayas dispersas, como ésta, junto a los acebos: Robles hercúleos en la dehesa. Las fotografías no dan idea de la escala; nada que ver con la impresión que provoca el tremendo desarrollo de algunos de ellos vistos en vivo: La Loma de las Cabezas y Peñalba vistas desde la cima del Pico Águila(1652m): Un conjunto urbano desfigurado
El sobresaliente medio natural colmó mis expectativas, por lo que esperaba que Peñalba lo correspondiera siendo la típica aldea ayllonense: un puñado casas de pizarra rodeando una plaza presidida por un olmo y una iglesuca estucada. Sin embargo, aquí la arquitectura tradicional brilla por su ausencia. Cuando se supera la calamitosa carretera que trae hasta aquí, más parece que entramos en una vaquería que en un pueblo serrano.
La arquitectura de la mayor parte de las viviendas es contemporánea, con ventanas de metal, tejas de arcilla y paredes de cemento vivo, no habiéndose respetado el estilo tradicional, que aquí fundía la pizarra con el adobe. El conjunto parece hecho casi con desidia, desde este punto de vista Peñalba carece de cualquier encanto. Esta dejadez constructiva es comprensible si tenemos en cuenta la dureza del medio y que todo está enfocado al par de rebaños de vacuno que pululan por los montes. El lado positivo es que tal vez así, este simpático pueblecillo serrano pueda huir del boca a boca dominguero y conserve sus encantos y sus soledades eternamente, tan eternamente como sus cuatro habitantes, sus hayas y sus acebos.
Peñalba es uno de esos lugares rigurosos de nuestra geografía que nos enseña cómo se puede disfrutar de la naturaleza en absoluta soledad, atravesar roquedos traicioneros y sobrecogerse ante árboles gigantescos sin necesidad de expedicionar al polo o al arco andino patrocinado por una marca de comida para perros o la Autonomía de turno.
Cartografía:
-Google Earth. -Mapa "Sierras de Ayllón y Ocejón", Tienda Verde. 1:50.000
Hace ya un año que comencé a escribir aquí. Durante los primeros meses la orientación del blog fue algo inestable; con el tiempo me fui dando cuenta de que lo que realmente era mínimamente interesante para unos pocos y enriquecedor para mí mismo era dar una perspectiva personal de la Geografía y utilizarla para analizar desde ese punto de vista la realidad, procurando aportar(o más bien, recuperar) un enfoque naturalista de la ciencia del territorio.
Al principio recibía pocos comentarios, cosa que ha cambiado radicalmente en los últimos meses. Me alegra mucho ver que gente con recios conocimientos tanto en esta ciencia como en otras hermanas me deja comentarios y opiniones muy elaborados incluso en artículos antiguos. Os doy las gracias a todos por la alegría que significa cada nueva notificación de comentarios. Lo único que echo en falta es algo de participación de geógrafos españoles, aunque no se puede tener todo.
Supongo que a este reciente "buen rendimiento" ayuda que los artículos de Geopercepción dedicados a temas o parajes concretos aparezcan como primer resultado en las búsquedas de Google. A raíz de eso, supongo que habrá quien haya encontrado útil alguna ruta o análisis, o haya valorado de manera diferente alguna localidad o paraje natural. Realmente, con eso me basta.
Para terminar, es menester comentar que gran parte del protagonismo del blog recae en el Macizo de Ayllón, el cual, en humilde semejanza a como llama Sotelo Navalpotro a Galicia, me gusta calificar como mi laboratorio. Es allí donde me reencontré con mi casi olvidada afición por la naturaleza y donde terminé de abrazar mi propia formación como geógrafo, y también donde por mis propios medios he aprendido muchísimo. Las largas jornadas solitarias por sus negruras, barrancos y espesuras han sido totalmente inolvidables; es cierto que la aproximación y el conocimiento generan amor. Pocas sensaciones son equiparables a esos descansos a la sombra de un roble o un tejo a degustar arándanos, bellotas o hayucos recogidos directamente en el monte, escuchando el silencio.
En fin, muchas gracias a todos los que me habéis leído. Espero seguir publicando mucho más tiempo.
Me permito dejar una breve cita de Camino a la perfección, de Pío Baroja, que creo que plasma muy bien el sentimiento con el que suelo escribir:
- A mí esos montes no me dan idea de que sean verdad; me parece que están pintados, que eso es una decoración de teatro. A lo que su dialogante replica: - Para mí esos montes son Dios.
Hasta hace poco más de medio siglo, las aldeas ayllonenses de Matallana y La Vereda eran barrios dependientes del concejo de El Vado. Ésta última localidad fue anegada en 1954 tras la construcción del embalse que ahora lleva su nombre. El despoblamiento de estas tierras remotas era ya generalizado en aquel entonces, debido a la dureza de las condiciones de vida, sin servicios médicos, comunicaciones, agua corriente o electricidad: una precaria existencia motivada por el aislamiento. Fue finalmente en 1972 cuando tuvo lugar la expropiación forzosa por parte del ICONA de todo el término municipal(que comprendía las tres aldeas) con motivo de su política de repoblación forestal. Tras el anegamiento de El Vado, resistían en pie Matallana y La Vereda, las cuales fueron salvadas de la demolición por un grupo de arquitectos en 1974. Ambas localidades han resistido a duras penas hasta nuestros días como una joya cultural de valor incalculable, y por fortuna, prácticamente desconocidas.
Hoy me he acercado a estos parajes serranos para visitar dos enclaves de interés: las ruinas de Santa María del Vado, único resto visible del pueblo sepultado bajo las aguas, y la aldea de La Vereda, abandonada y levemente restaurada. Estos dos conjuntos en ruinas resisten tal y como eran hace décadas, tan solitarios como aislados, siendo lugares totalmente representativos del Macizo de Ayllón.
Santa María de El Vado
Dejando atrás la presa del Embalse de El Vado a través de una pista forestal de firme irregular que bordea el pantano, alcancé la aldea de La Vereda con las primeras luces del día. Ya desde la distancia sorprende, cuatro casas de pizarra colgadas del borde de un barranco negro. Antes de llegar al pueblo, existe una confluencia de pistas; para llegar a Santa María se ha de tomar la de la derecha, continuando a través de pinares mixtos de resinero y silvestre buscando la península que penetra en las aguas y donde están los restos de Santa María.
Se cuenta que Juan Ruiz, el Arcipreste de Hita, hizo en Santa María del Vado una breve escala expiatoria de sus lances amorosos allá por 1351, de lo que queda constancia en el Libro del Buen Amor, donde se recoge lo siguiente:
"Cerca de aquella sierra hay un lugar honrado, Muy santo y muy devoto: Santa María del Vado. Hice allí una vigilia, como es acostumbrado A honrar a María ofrecí este dictado".
Mi visita no ha sido expiatoria, pero no puedo negar que estas ruinas poseen cierto misticismo. La soledad de Santa María sobrecoge, asusta. Aparece de repente entre pinos y encinas. Tras dejar la senda que nos deposita finalmente ante su lúgubre espadaña no puede obviarse un profundo respeto ante una construcción que, perdida en medio de la nada, ha aguantado el embate del tiempo y el más desagradecido abandono. Hoy no son arciprestes, ganaderos ni agricultores los que gozan de la soledad bajo la desaparecida cúpula, sino turones, palomas zuritas y alguna que otra vaca de cuando en cuando.
La Vereda
Tras la visita a Santa María me acerco a La Vereda. Esta aldea, tras 30 años de abandono, está levemente restaurada por la Asociación Cultural “Hijos de la Vereda”, antiguos habitantes y sus familias, que han salvado varias casas del derrumbe y han apañado muchas otras conforme a la arquitectura tradicional: sin estridencias ni imágenes de postal. Es encomiable cómo se han enfocado los esfuerzos: no en prostituir la cultura y naturaleza locales de cara al turismo como ocurre en Valverde de los Arroyos, sino en mantener todo tal cual se encontraba, deshabitado pero ligeramente rehabilitado, lo justo, de manera que pueda perdurar.
El resultado es que en este villorrio es fácil retrotraerse en el tiempo para pensar en la calidad de vida que hasta hace bien poco debían tener estas gentes, incomunicadas totalmente y distantes a través de 20 kilómetros de monte del pueblo más cercano: paseando por las calles desiertas lo primero que me vino a la mente fue el crudo documental "Las Hurdes, tierra sin pan", de Luis Buñuel. Ahora aquí ya no vive nadie salvo pájaros y olivos y, de noche, los jabalíes que dejan el suelo de la aldea, de tierra, hierba y piedra viva, hecho un cisco.
Una reflexión es que por su aislamiento, por el magnífico estado de conservación de su arquitectura negra ayllonense, por los densos y ricos bosques que lo rodean y por los vertiginosos barrancos sobre los que se asienta, es posible que La Vereda sea uno de los rincones más puros del Macizo de Ayllón.
Valores naturales
Esta zona no está en el corazón geográfico del Macizo, aunque es una de las más representativas. Lo primero que me llamó la atención fue un conspicuo rodal de encinas colosales cerca de la aldea: uno de estos árboles, que hace ya décadas no ve un hacha ni de lejos, tiene un tronco que apenas ha de ser abarcable por cuatro adultos. Alrededor de la La Vereda crecen grandes masas de pinos silvestre y resinero, bastante bien naturalizadas, fruto de las repoblaciones del antiguo ICONA. En algunas laderas persisten buenos robledales de melojo, entre los que se pueden encontrar también algunos arces. El sotobosque está ocupado mayormente por jara pringosa y jara estepa, que aquí, rondando los 1000 metros de altitud, se entremezclan. En el fondo de los vallejos crecen oscuras espesuras de escaramujo y zarzamora, que hacen difícil(y ciertamente doloroso) transitar por ellos. Desde el punto de vista físico son especialmente destacables los sobrecogedores barrancos, paisaje típicamente ayllonense, que circundan La Vereda. Alrededor de ella destacan las alturas de Las Majadas(1280m), el Cabezas(1438m) y sobre todo el Ocejón(2048m).
Durante el camino forestal que lleva a las ruinas de Santa María, es fácil toparse con corzos, arrendajos, pájaros carpinteros y varias especies de paséridos, todos ellos observables a placer si se avanza con discreción, amén de no presentar ninguna dificultad leer las huellas y señales de estas especies y de los mamíferos predadores, entre los que destacan la garduña, el turón y el gato montés. En las aguas del embalse es sencillo localizar también somormujos lavancos y azulones, pudiendo observarlos desde la península donde se levanta Santa María.
A modo de curiosidad, el barranco de Vallosera, parejo a La Vereda, fue acotado en su día por el doctor Félix Rodríguez de la Fuente para sus lobos. Todavía hoy, a dos pasos de la aldea, pueden verse las cercas específicas para ellos y los puestos de observación.
Imágenes
Santa María del Vado preside una península que penetra en las aguas del embalse que sepultó el pueblo:
Interior de Santa María. La soledad y la quietud son sobrecogedoras:
La deshabitada aldea de La Vereda, a diez kilómetros de la presa de El Vado y a veinte de Tamajón:
Como se aprecia en esta fotografía, La Vereda está colgada de un profundo barranco, que la divide en dos barrios. La casa que aparece en primer término está restaurada, sobre todo el tejado, siguiendo la arquitectura tradicional:
Vídeo del interior de Santa María del Vado:
Cartografía: “Sierra de Ayllón y Ocejón”, de la Tienda verde. 1:50.000
Dejo un extracto de Las dimensiones personales de la Geografía Social, trabajo de Robert Herin(1992) incluido en Geografía y Humanismo, de Aurora García Ballesteros(ed.), texto que aunque ya tiene unos años, me ha parecido interesante dado que expone muy correctamente la versatilidad y utilidad de la Geografía con respecto a las situaciones sociales, tan cambiantes y cíclicas a su vez. Es especialmente aplicable dentro de la convulsa situación económica en la que nos encontramos a escala global.
El surgimiento de la Geografía Social a finales de los años setenta y ochenta, no es producto del azar, al margen de la situación contemporánea. El hecho de que algunos geógrafos afirmen que la investigación geográfica tiene un papel que jugar en el conocimiento de las cuestiones sociales, ha de relacionarse con la crisis económica y social de las economías y sociedades occidentales desde hace ya más de diez años. Así, la Geografía Social es tanto un producto de la crisis -¿una geografía de la crisis?- como el resultado de una toma de conciencia científica acerca del estado de la disciplina y del objeto sobre el que versa. Además, frecuentemente encontramos geógrafos procedentes de medios más populares que los de sus mayores, geógrafos que han permanecido más cerca de sus clases sociales de origen, geógrafos más frecuentemente comprometidos y menos preocupados por separar rigurosamente investigación geográfica y acción de naturaleza política; para muchos de ellos, la Geografía Social debe en efecto tener objetivos de cambio social, y el conocimiento geográfico ha de contribuir a la toma de conciencia de los problemas sociales y a la reflexión sobre las condiciones de su resolución.
Afirmándose en un contexto de crisis, llevada por una nueva generación de geógrafos, reconciliando investigación científica y compromiso en la ciudad y refiriéndose más o menos abiertamente a sistemas de valores de hecho diferentes, la Geografía Social no sabría aspirar a la a-historicidad de un saber científico desconectado de las condiciones coyunturales y sociales de su producción. [...] La Geografía Social encuentra sus principales temas de investigación en la propia actualidad. La crisis económica sitúa en primer plano de la escena de las ciencias sociales las cuestiones del trabajo, del empleo y del paro, las de la formación y, de manera más general, las cuestiones que suscitan cualquier tipo de desigualdad. El paro, las tensiones de los mercados de trabajo, las segregaciones a través del hábitat, los conflictos interétnicos, la xenofobia y el racismo, forman parte de nuestra vida cotidiana.
En el Macizo de Ayllón, las masas forestales de pino corresponden en su mayoría a las masivas repoblaciones llevadas a cabo por el ICONA en la segunda mitad del siglo pasado. Se utilizaron pinos como remedio rápido para poner freno a la erosión que avanzaba inexorable al haber esquilmado los habitantes tradicionales gran parte de las superficies ocupadas por robledales, encinares y hayedos autóctonos. El pino ofrecía un veloz crecimiento y una gran adaptabilidad geológica, amén del valor de su madera.
El otro día encontré esta curiosa actuación forestal en uno de los pinares que circundan la Junta de los Ríos, término municipal de La Huerce, sobre la abandonada aldea de La Mata de Robledo.
¿Existe relación con el canchal/lecho rocoso que aparece en el centro? ¿Se trata de una corta a hecho en una propiedad privada?
En cualquier caso, tanto el efecto estético como el impacto paisajístico son brutales.
Hoy he dedicado la mañana a reconocer los montes que circundan el pueblo ayllonense de Valdepinillos, pedanía del municipio de La Huerce, de 17 y 56 habitantes, respectivamente. En el Diccionario Geográfico-Estadístico de Pascual Madoz aparece recogido que La Huerce en aquel entonces(1845-1850) produce centeno, patatas, judías, verduras, cerezas, guindas, nueces y peras, leñas de combustible y yerbas de pastos, con las que se mantiene el ganado lanar, cabrío, vacuno y de cerda; hay caza de perdices y conejos, no faltan lobos y zorras; en el Sorbe se crían exquisitas truchas y barbos. Más de 150 años después, todo eso se ha extinguido, salvo las perdices, los conejos y los zorros; los cultivos son huertos familiares, manteniéndose ambos pueblos casi exclusivamente a partir de las residencias secundarias.
En un principio pretendía alcanzar un paraje conocido como la Junta de los Ríos, que comprende el último par de kilómetros que recorre el Río de la Hoz antes de confluir con el Sonsaz para dar lugar al conocido río Sorbe. Pero entre robledales, taínas y la agreste orilla del río el día se fue consumiendo rápido y la ruta se transformó en una salida de campo. Al echárseme el tiempo encima, no pude buscar los tejos que al parecer crecen al norte del paraje, que era el objetivo principal. Otra vez será. Sin embargo y pese a las limitaciones que presenta el siempre adusto terreno ayllonense, capaz de quebrar la ruta mejor planificada, la jornada ha dado mucho de sí.
Valdepinillos
El punto de partida fue esta pequeña aldea, que merece una visita dado que conserva buena parte de su arquitectura tradicional junto a un entorno natural espléndido. A partir del cementerio(que tristemente, como en tantos otros pueblos de la comarca, aparece junto a la escombrera) basta con descender en dirección suroeste para alcanzar una pista forestal que lleva hasta las vallejadas del Río de la Hoz, pudiendo tomar varias pistas, sendas y trochas de ganado vacuno. Estos caminos me han recordado en algunos tramos a la cercana Tejera Negra, con la salvedad de que quien se asocia aquí con melojos y pino silvestre es la encina y no el haya.
Una de las señas de identidad del Macizo de Ayllón es la existencia de antiguas taínas(encerraderos para el ganado) diseminadas por todos los confines del mismo. La mayoría están en ruinas, como es el caso de las Taínas Mata del Viejo, a poco más de una hora de Valdepinillos, en medio del rebollar, y que ahora dada su versatilidad son lugares querenciales para la fauna forestal. Estas construcciones dan idea de la importancia de la cabaña ganadera de otros tiempos y permanecen ahí como testigo mudo de un acervo cultural perdido.
El Río de la Hoz
Tras un par de horas de camino se divisa el Río de la Hoz, antecedente del Sorbe. Siempre baja caudaloso, más aún después de este invierno agitado. A menos que avancemos hasta muy al norte, el descenso hasta el río es lento y fatigoso dada la pendiente y la inexistencia de sendas(lo cual me limitó para recorrer la zona de principio a fin) pero quería descender hasta las ruinas del Puente del Enechar, un rústico paso de piedra y madera que permitía a la desaparecida aldea de Robledo la Mata superar el aislamiento al cual le sometía el río. De este pueblo tan sólo quedan las ruinas de un par de casas visibles a golpe de prismático, 200 metros por encima del puente, una de cuyas mitades ha desaparecido y la otra no ofrece seguridad alguna.
Junto a las ruinas del citado puente, entre arces de Montpellier, existe uno de esos parajes aislados del mundo que invitan a una total abstracción. El río ha creado una techumbre natural de cuarcita donde puede buscarse la sombra para limitarse a escuchar las aguas profundas de color esmeralda entre una paz absoluta.
En estos montes tan ásperos como hermosos la naturaleza se muestra pujante, casi ansiosa. El paso del tiempo ha despoblado estas tierras remotas, permitiendo que el Río de la Hoz, los buitres y los robles recuperen el espacio que antaño les arrebató el hombre.
Imágenes
Amanece con brumas en el Macizo de Ayllón:
El Río de la Hoz, que da lugar al Sorbe al unirse al Sonsaz más adelante. Aquí, en el piso bioclimático supramediterráneo, predomina la encina, que se entremezcla con el melojo conforme se asciende. La vegetación de ribera está dominada por abedules(Betula sp.), característicos de este río, sauces(Salix sp.) y arces de Montpellier, todos de hoja caduca, como se aprecia en la imagen:
Restos del puente del Enechar, intransitable:
Orillas del Río de la Hoz:
Roquedos cuarcíticos flanquean el cauce del río. En el de la imagen, buitres leonados y cornejas se alimentaban de la carroña de un animal despeñado. Pasé una hora maravillosa observando la acción de los buitres con los binoculares, no acercándome más dado lo huidizo y vulnerable de la especie:
Cartografía: Mapa "Sierras de Ayllón y Ocejón", de la Tienda Verde. 1:50.000
El alcornoque(Quercus suber) es bien conocido por la explotación del corcho, aprovechamiento que, pese a ser de gran utilidad al hombre a lo largo de siglos, ha hecho que el árbol se considere vulgar, de poca importancia. Y España es un país desagradecido, ajeno, que repudia sus propias maravillas: la vieja perra ingrata a la que se referían los soldados españoles que volvían de Flandes.
Tal vez por eso, el único alcornocal que existe hoy en la Comunidad de Madrid está dejado de la mano de Dios, sin regulación y completamente abandonado para todo uso salvo el cinegético. A pesar de todo, o más bien justamente por ello, el enclave merecía una aproximación.
El alcornocal de la Dehesa Vieja está en el municipio madrileño de El Berrueco, a unos 50 km al norte de Madrid, pudiendo caracterizarlo por su situación dentro de la unidad de paisaje conocida como Llanuras de piedemonte, esto es, la rampa de la Sierra, el paisaje intermedio entre la campiña y las áreas de montaña. Así pues, encontramos típica vegetación mediterránea, con profusión de tomillos, jaras, brezo, enebro, encina y por supuesto alcornoques, entre los cuales se intercalan pequeños rodales de robles quejigo y melojo.
El camino desde El Berrueco
Con las primeras luces, como de costumbre, llego a El Berrueco. El camino que lleva hasta el alcornocal arranca poco antes de la señal de fin de población en la carretera de Torrelaguna(M-131). La pista bordea la dehesa boyal del municipio y tras un par de bifurcaciones buscando el sur, se tiene a la vista una umbría donde aparecen unas inconfundibles edificaciones hidráulicas de caliza del Canal de Isabel II. Para alcanzar el alcornocal, es básico acceder a ellas(salvando el empinado tajo del arroyuelo de San Vicente), ya que de las mismas arranca una pista que nos deposita en el lindero del bosque, el cual se alcanza a un par de horas del inicio desde el pueblo. En total, vienen a ser 15km, ida y vuelta. Es particularmente interesante el yacimiento de plomo argentífero que se puede encontrar junto a la canalización del CYII..
El alcornocal
El alcornocal ocupa profusamente el cerro de la Dehesa Vieja(970m), principalmente la umbría, dado que la especie agradece la humedad en verano. La espesura lo hace impenetrable, la pendiente es fuerte y la profusión de suelo hozado por jabalíes hace poco recomendable adentrarse en el bosque directamente. De manera provindencial, aparece una serie de sendas oscuras, estrechas y embarradas que comunican entre sí los canales de granito, permitiendo recorrer a placer el alcornocal de principio a fin.
Acostumbrado a los típicos alcornoques descorchados de Sierra Morena, me han sorprendido los grandes ejemplares aquí presentes, sin intervención alguna. El típico porte alto y robusto de las fagáceas adquiere una nueva dimensión por el protagonismo de la corteza, gruesa, resquebrajada, clara y esponjosa, haciendo únicas estas formaciones forestales. El sotobosque lo forman los consabidos torbiscos, jaras y ericáceas, entre los cuales revolotean mirlos, arrendajos, currucas y rabilargos. Abundan los rastros de corzo y jabalí, que tienen aquí en invierno una fuente inagotable de bellotas, aunque esta vez no he tenido la suerte de ver directamente ninguno.
Como ya he comentado, este paraje excepcional carece todo uso salvo el cinegético. Paradójicamente, el negocio con la muerte mantiene en un magnífico estado de conservación el alcornocal, el cual habría de ser aún mejor si los extintos predadores naturales controlaran como es debido a los herbívoros que ramonean los brotes. Aun así, es inexplicable que el último bosque de alcornoques de Madrid carezca de figuras de protección. La salvaguarda del acebo fue la primera Ley medioambiental de la CAM, allá por 1983; sin embargo, el duro y servicial alcornoque, por lo visto, no le importa a nadie.
Tras pasar la mañana explorando los encantos del bosque y acariciando la corteza virgen de decenas de ejemplares centenarios, almuerzo bajo uno de ellos y remonto las laderas hasta la carretera, regresando a El Berrueco haciendo autostop, buscando tener tiempo por la tarde para dedicar a la dehesa boyal de la localidad.
Dehesa Boyal de El Berrueco
Hoy ha sido día de dehesas. Tras visitar el alcornocal de la Dehesa Vieja, en el monte a 8 km del pueblo, dedico parte de la tarde a pasear por la Dehesa Boyal, que linda directamente con las casas del sur de la localidad. Las tradicionales dehesas boyales eran tierras comunes reservadas a apacentar el ganado bovino, cosa que pese al abandono de las actividades tradicionales, sigue haciéndose en El Berrueco, siendo la boyal, a mi juicio y junto con la picota de la plaza, su principal patrimonio. Entre berrocales(conjuntos de bolos graníticos que dan nombre al municipio) encontramos cientos de fresnos y melojos desmochados, adquiriendo así la forma tan característica que tienen las fresnedas madrileñas. La dehesa puede recorrerse tranquilamente por el interior, disfrutando de los escaramujos y las zarzamoras que crecen por doquier, colmados de pequeñas aves.
Una pequeña reflexión
Es obligado rumiar una reflexión tras cada jornada en el monte. La idea que he traído hoy, aparte de la maravilla que supone ver crecer salvaje un árbol tan domesticado como el alcornoque, es la importante biodiversidad que ofrecen las explotaciones tradicionales. Sobre todo, el contraste de las que mantienen el uso tradicional con aquellas que han sido abandonadas del mismo, caso de estas Dehesa Boyal y Dehesa Vieja, respectivamente. Con respecto al alcornocal de ésta última, queda muy claro que en no pocas ocasiones, "dejar las cosas como están" es la mejor gestión forestal que puede hacerse. Siendo generosos, ese alcornocal no está lejos de alcanzar su plesioclímax, pero es difícil que siga evolucionando sin unas mínimas medidas de protección.
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Plataforma del Canal de Isabel II que permite abrirse paso hasta el alcornocal:
Planos generales del alcornocal de la Dehesa Vieja:
Corteza de alcornoque:
Cerro del Moro, interesante cresta rocosa conocida localmente como "el dinosaurio":
Ayer pasé la mañana dando una vuelta por el Valle Alto del Lozoya, conocida subcomarca de la Sierra de Guadarrama, capitaneada por Rascafría, cuyo máximo exponente cultural es el conocido Monasterio de Sta. Mª del Paular. Este valle montano(1.100m) de gran amplitud y extraordinaria belleza es de alto valor paisajístico y sobre todo ecológico, teniendo en cuenta su elevada variedad biológica(1.500 especies de flora bascular y 234 de vertebrados).
Botánicamente, por doquier se puede observar la pugna entre el pinar(Pinus sylvestris) y el melojar(Quercus pyrenaica). Éste último se ha expandido en las últimas décadas gracias al fin del carboneo y la explotación maderera intensiva, ocasión que no ha desaprovechado dada su alta capacidad para rebrotar desde las cepas. El asalmonado pino silvestre se ha visto además impulsado artificialmente, ocupando terrenos que de forma natural habrían de corresponder al robledal.
El "respiro madrileño"
Si no hubiera tenido la desgracia de tener Madrid a tiro de piedra, Guadarrama sería uno de los espacios naturales más valiosos de la zona centro peninsular. Sin embargo, las altas cumbres y las espesuras de pino silvestre, roble, acebo y abedul conservan todavía gran parte de la naturalidad y el encanto del pasado. En la actualidad, conservación y turismo son los dos pesos que se mantienen en una desigual pugna sobre una débil balanza.
Como recuerda el gran geógrafo Martínez de Pisón, un paisaje es algo más que formas y hechos, es el resultado de una evolución y construcción cultural: "Un paisaje no se ve directamente, ni aisladamente, ni nunca por primera vez. En el paisaje, nuestras miradas se reúnen con todas las de las generaciones que lo han visto antes que nosotros". Esta concepción geográfica de la realidad es singular en Guadarrama, donde los espacios alpinos se han convertido en casi un parque temático de ocio para la población de la capital.
A medida que la metrópoli se ha vuelto agresiva, ruidosa y sucia, el atractivo de la Sierra ha crecido exponencialmente, más aún teniendo en cuenta las facilidades para visitarla. Es esa belleza paisajística y riqueza natural la que al final, traerá su propia ruina. ¿Por qué? El deseo de "reencontrarse" con lo natural desemboca en urbanizaciones y chalés adosados en lugares donde no habrían de haber existido jamás; las viviendas secundarias se han convertido ya en primarias. Las sendas y caminos hollan todos los montes y acercan lugares recónditos a visitantes que no tienen reparos en tapizar el suelo con basura y colillas.
Como bien pude constatar en el Monte Abantos de El Escorial, Guadarrama es un espacio serrano que pese a las iniciales similitudes biogeográficas y latitudinales, evoluciona de manera radicalmente distinta a como lo hacen otros territorio cercanos tales como Gredos, la Serranía de Cuenca o su propia continuación norte y antítesis absoluta, mi apreciado Macizo de Ayllón.
A la vuelta, con la tarde despejada, la panorámica que ofrece la Sierra es una densa maraña de luces amarillas y carreteras, que se extienden por el piedemonte y ascienden por las laderas, como un ejército siniestro. Esas urbanizaciones incongruentes con el medio natural que pretendían sus ocupantes se asientan ahora en las despejadas fresnedas y los encinares. Carreteras y cemento, coches y bullicio...
La noticia que hoy está en boca de todos y llena los medios es la fuerte incidencia que ha tenido la ola de frío siberiano que cubre España. El centro y nordeste peninsular se han visto totalmente colapsados, interrumpiendo el tráfico aéreo de Barajas y paralizando multitud de servicios.
Ante la fuerte nevada, la Comunidad de Madrid declaró ayer el Nivel 2 del Plan de Inclemencias Invernales, inservible ante el colapso de las vías de comunicación que se produjo al llegar la hora punta a las 8 de la mañana.
Ayer a las 9.00 tomé la carretera M-121, de Meco a Alcalá de Henares, intentando seguir las huellas de los coches precedentes y prescindiendo del freno. A pesar de ello decidí darme la vuelta en cuanto pude ante la desastrosa situación. Por aquí no habían pasado quitanieves ni se había echado sal, la carretera estaba cubierta de nieve y hielo y había que circular máxime con la tercera marcha engranada. Me resultó curioso cómo la mayoría de los abundantes coches que en apenas 8 kilómetros encontré varados o golpeados en el arcén, eran todoterrenos o vehículos premium(MB, BMW, Audi), buena muestra de que la gente no sabe conducir con nieve, convirtiéndose en un peligro cuando se lleva un coche potente.
Responsabilidades
El RACE(Real Automóvil Club de España) ha responsabilizado directamente del caos circulatorio a las Administraciones central y autonómicas dada la inadmisible falta de previsión.
Como curiosidad, y aprovechando para recalcar la simple caradura de la clase política española, dejo ésta noticia de 2004, donde la protagonista no podía ser otra que nuestra inefable Ministra de Fomento, que ahora 5 años después y ante la misma situación vuelve a cometer los mismos errores y pese a todo, de momento, se mantiene en su puesto, haciendo honor a la altivez de la escuadra(que no cuadra) socialista.
El día después
Si ayer en hora punta decidí darme la vuelta dado el peligro de la carretera, hoy he salido a recorrer el pueblo para echar un vistazo a las vías de circulación y he vuelto igualmente indignado. A pesar de que todo está cubierto de nieve y hielo como nunca he visto aquí, no hay rastro de las máquinas quitanieves y mucho menos de sal. Las aceras son un peligro y pese a que la continua circulación ha despejado las calles y carreteras principales, en apenas una hora de paseo he contado unos cuantos derrapes.
Vaya, que acercarse ahora a los rigores invernales del Macizo de Ayllón no debe de ser mucho más peligroso que circular por los pueblos dormitorio de la capital de España. Ni la Comunidad de Madrid(PP) ni el Ayuntamiento(PP) han prestado mucha atención a los problemas en los pequeños pueblos de la periferia.
La ola de frío seguirá afectando al centro y nordeste peninsular hoy sábado, remitiendo a partir de mañana domingo, según la Agencia Estatal de Meterorología(AEMET).
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Estado del municipio ayer día 9 a las 9.00 am:
A la mañana siguiente, 30 horas después, el estado de las urbanizaciones sigue siendo lamentable:
A pesar de ello, la actividad comercial se ha restablecido más o menos con normalidad. El mercadillo del municipio, se ha limitado este fin de semana a un par de puestos:
La estepa cerealista que rodea la localidad presenta una hermosa e inusual estampa invernal. Hoy, los habituales cernícalos, garcillas bueyeras y cigüeñas blancas han de buscarse el sustento en otros lugares:
En estos días que he pasado recordando viejos tiempos en los montes de la Sierra Morena sevillana, era visita obligada Benalija, un hermoso paraje ribereño que linda con una carretera local. Buscando con Google Earth lugares interesantes de la zona que visitar, localicé unas umbrías tapizadas de monte mediterráneo que podían alcanzarse siguiendo el cauce. Así pues, al amanecer del 20 de diciembre ya me encontraba en la altiplanicie por la que se puede acceder a la ribera, caminando hacia poniente, en dirección a las vallejadas.
En un principio iba a caminar monte a través pero providencialmente encontré una senda que, dejando atrás cortijos y conejeras, en un par de horas me depositó junto a las umbrías. Aparece un remanso donde la ribera se ensancha, ensombrecida por la umbría de un cerro alto. Las aguas aparecen atravesadas por una verja cubierta de algas y ramaje arrastrado por la corriente, dotando al entorno de una apariencia exótica y de abandono: a partir de este punto, la naturaleza es integral y exige una buena condición física para internarse en ella, sobre todo por los roquedos de la orilla que hay que atravesar prácticamente a saltos. A pesar de estar avanzada la mañana, en la umbría el frío es intenso y persiste el hielo de las heladas. Aquí encuentro una curiosa formación de pip crakes, fenómeno que no conocía en directo.
Agua y roca
Entre acebuches y adelfas, llego a una formación rocosa que ocupa el lecho del río, un paraje sorprendente que no esparaba encontrar aquí y que me dejó mudo: el agua se ha abierto camino dando lugar a una impresionante serie de saltos, chorreras y pequeñas cascadas. Hay profundas pozas verde esmeralda y discretos cañones entre las calizas marmóreas: el ruido del agua al caer llena el ambiente. Un paraje mágico que durante el estío ha de ser un cúmulo de vida, cuando aquí el clima es duro: en verano no desaprovecharé la oportunidad de venir aquí a observar ofidios. El paso de una orilla a otra es obligado, pero muy difícil, habiendo de dar varios rodeos hasta encontrar una serie de rocas entre las que se pueda cruzar a prudentes saltos para no acabar en el agua.
Puro monte mediterráneo
Después de las chorreras, la ribera avanza entre una continuidad de vallejadas cubiertas de monte mediterráneo en un excelente estado de conservación, o al menos, recuperación: grandes acebuches, encinas, jaras, tomillo, lentisco y jaguarzo cubren profusamente las laderas, mientras en el fondo de valle la retama se asocia con la adelfa. Ésta es la España salvaje, la España verde y aromática donde se escucha el silencio, donde apenas pisa el hombre y los únicos caminos que existen son los que abren los animales. Pasa volando un par de veces un águila real, iridiscente ante la claridad de la mañana, demostrando porqué en el resto del mundo se la conoce como Golden eagle.
El clima acompañaba: pese a que el día comenzó frío, a -5ºC, congelando el agua de las botas, la fuerte amplitud térmica de estas latitudes hizo que pasado el mediodía ya se superaran los 15ºC. La temperatura volvía el monte profundamente aromático aún a estas alturas del año. Puedo recorrer bastante cómodamente la ribera y las lomas gracias a los caminos que ha abierto el ganado vacuno. Vacas cautas, observadoras y asustadizas, buena prueba de que no están acostumbradas a ver a nadie por estas soledades. Como curiosidad, antes de encontrarlas me tuvieron casi media hora escondido entre retamas escudriñando una ladera con los prismáticos, animado por el sonido de ramas al romperse. No apareció el ciervo ni el jabalí que suponía, sino una enorme vaca cobriza.
El gran duque
En un descanso, decido dejar los bártulos sobre una repisa marmórea y subo una loma para intentar divisar el pantano de El Pintado, que habría de comenzar en una de las vueltas de la ribera. Durante el ascenso, me llama la atención un enorme acebuche en la solana, descansando impertérrito mientras la brisa movía suavemente sus ramas superiores. No veo nada raro, sin embargo estaba siendo observado. Al bordear el árbol para seguir subiendo, despega de él un búho real, inconfundible por su librea parda y porque pese a su metro ochenta de envergadura no hace ningún ruido al batir las enormes alas. Tras recuperarme del encuentro, penetro debajo del acebuche en busca de rastros del animal. El suelo está quemado por la acidez de las deposiciones de la rapaz y tapizado de huesos y egagrópilas grises. Por suerte doy con lo que estaba buscando: una hermosa pluma inequívocamente propiedad del gran duque.
Maravillado por el entorno, paso la tarde entre laderas, roquedos y plantas mediterráneas, deleitándome con los paisajes, los aromas agrestes y la caricia del sol invernal. A las 17 horas, el reloj me avisa de la cercanía del ocaso y emprendo el camino de regreso, que se hace corto al conocer ya las trochas del ganado vacuno. Al no preocuparme ya en buscar peligrosos pasos de rocas para evitar el agua, no puedo resistirme al placer de vadear directamente el río haciendo frente a la corriente.
Algunas fotografías representativas:
Fuerte humedad en las umbrías:
Pip crakes, bastones de hielo resultado de la congelación del agua que empapa la superficie, provoca pequeños movimientos de tierra al disgregarla poco a poco:
Acceso a las umbrías:
El camino(improvisado) de Benalija parte en dirección oeste desde el puente que cruza la ribera del mismo nombre en el kilómetro 16 de la carretera A-8200, dentro del término municipal de Guadalcanal, en la Sierra Norte de Sevilla.
El 19 de diciembre tomé el cauce del arroyo de Guaditoca(término municipal de Guadalcanal, Sierra Norte de Sevilla) con el fin de reconocer una zona que encontré por casualidad hace justamente un año: un embalse, Altarejos, en un área harto recorrida durante años anteriores, siendo en estos montes donde nació mi afición por la naturaleza. He de decir que el “descubrimiento” significó un antes y un después en la misma. Por ello, el enclave merecía una visita en profundidad.
En este artículo describí la situación y el entorno desde una perspectiva interna y de percepción, destacando la importancia que tiene la experiencia vivida con el lugar para la configuración personal del mismo que tiene el observador(de ahí surgió GeoPercepción). La fragosa naturaleza y la variada fauna que a lo largo de varios años he venido observando en estos montes había generado una fuerte topofilia.
Sin embargo, y como bien pude constatar, la realidad de estas tierras tapizadas de encinas y jaras es bien distinta. Los paraísos se nos escapan como agua entre los dedos.
En la imagen de satélite, el embalse de Altarejos. Se observa perfectamente la ordenación tradicional del monte de Sierra Morena: amplias dehesas de encina, pistas forestales y caminos rurales alrededor de campos de cereal en las altiplanicies. Los usos tradicionales han variado a lo largo de las últimas décadas desde el aprovechamiento integral(explotación maderera, pastoreo, agricultura de secano) hasta el casi exclusivo uso cinegético actual.
Ermita y arroyo de Guaditoca
Partí de la Ermita de Guaditoca, a la orilla del arroyo del mismo nombre. El origen de este lugar se remonta a siglos atrás, a las ferias de ganado entre Andalucía y Extremadura. Hoy cobra protagonismo rural como cruce entre varias fincas y en las romerías locales de primavera y otoño.
Al amanecer, con varios grados bajo cero y el monte cristalizado, inicio la marcha en dirección al embalse de Altarejos, siguiendo la orilla del intermitente arroyo de Guaditoca, de cauce muy removido de cara a la explotación cinegética. Recuerdo hace unos años cómo los conejos que más abundaban eran los moribundos afectados de mixomatosis y NVH. En cualquier remanso de la orilla no es complicado encontrar huellas de meloncillo y turón, aparte de comenzar aquí rastros de venado y jabalí que continúan hasta Altarejos. Mencionar que hace unos años encontré aquí varios turones y meloncillos muertos a escasos metros unos de otros, prueba inequívoca del uso de venenos.
A un par de kilómetros del inicio me topo con el primer impacto producto de la gestión "jardinera" tan típicamente española, más aún aquí en Andalucía, el "Cortijo de Chaves": una imponente verja cinegética de metal de tres metros de alto que cruza el cauce de parte a parte, cortando totalmente el acceso a pesar de que los cursos de agua son públicos. Un durísimo impacto visual y en el ecosistema, que no sé si tendrá funciones de dique de conteción hidrológica aunque lo dudo, dado el represado y la intermitencia de estos cauces. Consigo apañármelas para quitar la cadena de una puerta rotatoria y paso por ella.
Altarejos
La cola sur del embalse, por la cual accedo al mismo, es de difícil penetración, las orillas no dejan lugar para el paso. Alcanzo una pista que bordea el embalse y la aprovecho para rodearlo cómodamente. El efecto estético de este pequeño pantano dentro del monte mediterráneo de encinas y jaras es ciertamente impresionante. Las aguas son de un verde profundo, y con las primeras horas de sol la niebla mana de ellas creando un ambiente bucólico, a la vez que reflejan las suaves colinas propias del relieve apalachiense.
Sigo adelante en dirección a la presa. De camino, entre un jaral, un zorro alza la cabeza y enseguida se marcha con paso discreto. Al alcanzar la presa, despegan espantados garzas reales y una pareja de cormorán grande que ya divisé por aquí el año pasado. Uno en particular estuvo pescando y después secando su plumaje con total despreocupación mientras yo almorzaba sobre él en lo alto de la presa
Acceso a la presa de Altarejos:
El objetivo principal de hoy era recorrer Altarejos hasta el represado para tener una percepción total de la zona. Conseguido esto en poco tiempo(apenas era mediodía) decido seguir una de las pistas que parten de la presa y se internan en el paraje conocido como Lomas del Encinar, donde abunda el ciervo. Al poco tiempo de caminar por formaciones de fagáceas cada vez más espesas aparece de repente el coche de un guarda.
Regreso forzado
Me encontraba en una finca privada y el guarda “se ofreció” a llevarme en su todoterreno hasta el límite de la misma, la siniestra valla cinegética que cortaba la ribera. Parecía que la jornada se había arruinado, pero resultó ser una oportunidad inmejorable para obtener información de primera mano sobre el embalse y el entorno: todos los grandes naturalistas han tenido y tienen como compañeros y consejeros a los viejos guardas, tanto de fincas como forestales. En mi caso, ni soy un gran naturalista ni el guarda era compañero de fatigas sino que me estaba echando de allí, pero obtuve buena información.
Al parecer, el embalse de Altarejos lleva muchos años construido, siendo el último que se levantó en España hasta que una Ley prohibiera la construcción de embalses por intereses privados. Así pues, Altarejos es aún “de uso exclusivo de la finca”. Los propietarios no quieren visitantes, aparte de para evitar los furtivos que comercian ilegalmente con carne de venado, “para que no vean otras cosas”(malos usos, o ilegales, evidentemente). El guarda, amable pese a todo, llevaba su rifle junto a la palanca de cambios.
En esta salida esperaba encontrar ciervos, aunque no tuve suerte salvo uno muy lejos y de refilón. Así pues, aproveché para preguntarle al guarda por ellos. Me comentó que “aquí ha habido venados de toda la vida, pero había cercas bajas y se saltaban, se salían… hasta este año que han puesto una valla cinegética alta, y les están dando de comer. Ahora es muy mala época para ver venado, después de la berrea están cansados y se esconden mucho, sólo se dedican a comer y descansar”.
Conclusiones
Como casi siempre me ocurre últimamente, la visita y valoración en profundidad del medio natural deja un sabor agridulce. Dulce, por las observaciones y el contacto directo con lo agreste. Agrio por comprobar de primera mano la explotación y el maltrato que sufre aquello que tanto valoras, y contra lo que poco se puede hacer.
Altarejos ha resultado ser un embalse de construcción privada y uso exclusivo de la finca, que ahora dedica los montes circundantes a la explotación artificial de los ciervos que se esconden entre las jaras y las encinas. En el régimen de tenencia de Guadalcanal no existe la propiedad pública: el 100% del territorio son fincas de titularidad privada. El terreno de Altarejos está además fuera del Parque Natural Sierra Norte, con lo cual la administración no compete en los usos que se desarrollen. Toda la información que obtuve sobre este curioso lugar vino de la mano de uno de los guardas de la finca: como bien pude constatar, para entender la dinámica de un enclave es fundamental el contacto con los locales, de cara a conocer de primera mano cómo y porqué se ha llegado a la situación actual...
... siendo la situación actual de estos montes una de las peores que habría de esperar. La explotación infame de los ciervos, a los cuales ahora se alimenta artificialmente, conlleva una desnaturalización total de los hervíboros y de la vegetación local, que no reaccionará como debe ante la presión de unos consumidores descontrolados. Al final, los venados que desde siempre han habitado libres estas sierras terminarán por ser simplemente ganado criado para ser abatido a tiros cada poco tiempo. La naturaleza convertida en pasatiempo de señoritos, caciques e insensibles. No olvidaré el mohín de asco del guarda ante mi comentario sobre el zorro que había observado antes: tampoco se presenta una perspectiva alagüeña para los animales proscritos, que serán envenenados y tiroteados.
Reencuentros
Pero no todo iba a ser malo. Me ha alegrado encontrarme con las parejas de cormoranes grandes y garzas reales que observé el invierno pasado, y sobre todo, volver a divisar en el cielo la pareja de águilas perdiceras que entonces localicé soleándose en la copa de una encina: el águila más mediterránea y la mejor dotada de todas para la caza, que ahora está pasando por malos momentos. También sobrevuelan estos montes la imperial y la real, y con el regreso del calor volverá también la culebrera.
No sé si alguna vez volveré a Altarejos. Que me echen de estos montes es como si me echaran de mi casa, y ante su desnaturalización absoluta, sólo puedo sentir rabia y desazón.
Arroyo de Guaditoca.
Cola sur de Altarejos.Presa del Altarejos.
Ermita de Guaditoca.
Artículo publicado desde el locutorio Salma, barrio de Rochelambert, Sevilla.
Dejo unas fotos tomadas esta misma mañana cerca de Peñalba de la Sierra, aldea del Macizo de Ayllón con cuatro habitantes censados. La nieve caída durante el pasado temporal me ha impedido acceder a la zona, amén de un par de sustos y un difícil regreso a través de la carretera cubierta de hielo y nieve. En las montañas hay que saber cuando darse la vuelta.
Por estas estrechas carreteras comarcales, apenas pistas forestales con un pobre asfaltado, los quitanieves pasa muy de cuando en cuando. Imagino que los cuatro ancianos que habitan Peñalba estarán aislados. Aquí la vida es dura.
Al menos la jornada no ha sido en balde y he podido observar corzos, zorzales, picogordos, buitres leonados y un jabalí de gran tamaño, todo ello desde el coche.
Geopercepción es una interpretación personal de la ciencia geográfica. Como madre de las ciencias, la Geografía admite múltiples orientaciones y está sujeta a muchas interpretaciones. Desde aquí se publica una perspectiva personal, insider y de espacio vivido marcadas por una formación naturalista, que creo ha de guiar a todo buen geógrafo que se precie.
El Paisaje como elemento definitorio de la realidad geográfica.
Arroyo de Benalija
Este arroyo de Sierra Morena es un auténtico vergel de vida y humedad en medio de las dehesas. En primavera, el río se cubre por completo de flores de ranúnculo, dando al paisaje mediterráneo una apariencia exótica.
Río de la Hoz
Se conoce como río de la Hoz al joven Sorbe en sus primeros kilómetros por los valles del norte ayllonense. Aguas puras y cristalinas, de nula mineralización, han modelado un terreno escarpado y difícil. En algunos tramos forman pozas profundas y hermosas cascadas, entre bosques de roble y acebo.
El territorio
A través de la interpretación del paisaje, el geógrafo busca explicaciones para el comportamiento de los grupos sociales y la consecuente traducción en el territorio.
Desnaturalización
A pesar de que nadie discute su importancia en la conservación, la interesada e insensible "gestión" cinegética que prima en tantos montes de Andalucía, Extremadura o Castilla La Mancha acarrea la desnaturalización de las poblaciones de hervíboros salvajes, un fuerte impacto derivado sobre la vegetación natural, y la persecución criminal de carnívoros silvestres. Un mundo donde el monte mediterráneo está sujeto a los caprichos de propietarios con nula capacidad.
Páramo del Henares
Los páramos configuran en la meseta castellana un entorno altamente humanizado de interesante dinámica ecológica en en momento actual. La urbanización amenaza este entorno de alta riqueza paisajística, comprometiendo la recuperación de las formaciones arbóreas autóctonas y las comunidades faunísticas dependientes de ellas.
Braga
La tercera ciudad de Portugal, tranquila, sostenible, religiosa y conservadora, mantiene su dinamismo gracias al comercio, el turismo y su campus universitario.
Acebeda de Becerril
A 1700 metros de altitud, en la vertiente norte del Macizo de Ayllón, sobrevive un bosquete relicto de hayas, monstajos, serbales y tejos. La fuerte pendiente y el difícil acceso han garantizado su superviviencia.
Taxus baccata
Espectacular tejo en la tejera relíctica de la Acebeda de Becerril(Segovia)
Sabinar de Tamajón
Adaptado al sustrato calizo y al relieve irregular del karst salpicado de dolinas, torcas, lapiaces y cuevas, se desarrolla en Tamajón un gran bosque de sabina albar, reliquia del terciario; tan denso y apretado que, dejando el camino, sólo puede el caminante internarse en él a través de las trochas de corzos y jabalíes.
Hoz del Jarama
El joven Jarama ha construido en la piedra caliza un profundo cañón tapizado de robles, arces y algún solitario y centenario tejo. El robledal está siendo progresivamente invadido por ailantos naturalizados. El camino tiene orígenes prehistóricos y une las localidades ribereñas cerca de las primeras alturas de Ayllón.
Pinar de Navarredonda de Gredos
En este enclave se desarrollan enormes Pinus Silvestrys centenarios, cuyo crecimiento se ve favorecido por las características climáticas y edáficas, alcanzando alturas y grosores impresionantes.
Hayedo de Tejera Negra
Uno de los hayedos más meridionales de Europa, fruto de las antiguas glaciaciones que desplazaron a las hayas del norte del continente hacia el sur. Las especiales condiciones climáticas y fisiográficas de estos valles han permitido que, una vez se retiraron los hielos, los hayedos prosperen en enclaves relícticos como Tejera Negra.
Sierra de Ayllón desde Valdesotos
De Valdesotos parte una pista forestal que se adentra en antiguas formaciones periglaciares para coronar las primeras cumbres de la Sierra de Ayllón.
Embalse de Beleña.
Este embalse surte de agua al Corredor del Henares. Pocos habitantes de Alcalá sabrán que el agua que usan a diario proviene de un paraje despoblado y agreste.
ZEPA nº139, estepa cerealista
La estepa cerealista de los ríos Jarama y Henares es el hogar de avutardas, sisones y aguiluchos, los cuales pacen, crían y cazan a escasos cientos de metros de los crecientes pueblos dormitorio.
Cima del Ocejón
Tras coronar los 2048 metros de altitud de este pico, una peregrinación casi obligada para senderistas y montañeros, se goza de una insuperable vista de toda la comarca de la Sierra de Ayllón.
Pico Ocejón
A los pies del Pico Ocejón, se resguarda un encantador, y cada vez más explotado, Valverde de los Arroyos.
Los Cerros
En el Parque Natural de Alcalá de Henares se alternan los ecosistemas de vaguadas, cortados, monte y ladera, encinar y coscojar y bosque galería. Un rico espacio geomorfológico y ornitológico, someramente protegido, cuya única frontera con una de las ciudades más pobladas del país es el cauce del Henares.
Playa Bávaro (RD)
En el Caribe, los ostentosos resorts turísticos del "todo incluido" junto a sus alrededores de escaso desarrollo socioeconómico conforman uno de los ejemplos más claros de las llamadas sociedades duales.
Cabo Espichel, Portugal
Las corrientes generadas por las diferentes temperaturas del agua presentan distintos matices. Modestas embarcaciones pesqueras de propiedad familiar regresan a puerto tras faenar en aguas del Atlántico luso.
Valencia
En su ímpetu por alcanzar el cosmopolitismo de Barcelona, Valencia se ha convertido en la ciudad más dinámica de España. Siete nuevos kilómetros de paseo marítimo, uno de los puertos deportivos más importantes del mundo, ampliación del aeropuerto, canales, terrenos ganados al mar, espacios de ocio y esparcimiento. Modernidad y desarrollo. Sin embargo, junto a los principales focos de I+D de la ciudad, aparece de súbito la dualidad en el barrio de la Malvarrosa. No hay sólo cosas buenas: existe más de una Valencia.
Puente románico de Valdesotos.
El uso de este puente sobre el joven Jarama es nulo (solo lo cruzan paseantes y senderistas) por lo que su conservación está garantizada. La integración en el ecosistema ribereño es absoluta.
Bosque galería del Río Henares
No es infrecuente toparse con cormoranes en este conocido río mesetario. Dar con avetorillos es mucho más complicado, pues requiere buenas dosis de paciencia y de suerte.
Embalse de Altarejos, Guadalcanal.
El encontrar un paraje desconocido para la inmensa mayoría de los habitantes de una región genera, salvando las distancias, las mismas sensaciones que hubieron de tener los exploradores victorianos en África.
Bustarviejo, bar Sol.
Apilada en sus diferentes variedades, uno de los mayores emblemas de la globalización aguarda la llegada primaveral y estival de los turistas y propietarios de segundas residencias, principal sustento de este municipio de la Sierra Norte madrileña.
Río Guadalquivir
El Guadalquivir es el único río navegable de España, aunque hasta la actualidad únicamente lo es hasta Sevilla. El puerto de la ciudad maneja más de 5 millones de toneladas de carga al año.
Pareja de Corzos
Con el villorrio de Tortuero a la vista, y a pocos metros de las grandes tuberías del Canal del Jarama, se pueden encontrar corzos alimentándose en los jarales. En caso de no verse, no es raro escuchar su característico ladrido.
Trujillo
Escapada interesante. Cuna de conquistadores, posee un casco histórico cuidado y precioso, varios museos e impresionantes edificaciones de granito en su parte alta. La gastronomía local, asombrosa. Por la noche apetece una copa en la discoteca de la localidad, tranquila, con tintes caribeños en su terraza y peceras en las barras. Además, Trujillo no está lejos de interesantes espacios de monte mediterráneo.
Horna
En Sierra Ministra (divisoria de aguas del Atlántico y el Mediterráneo) a apenas 10 km de Sigüenza, se encuentra Horna, una diminuta aldea en cuyo término nace, a partir de un protegido manantial de filtración, el río Henares.
La población española
Condicionado por la historia demográfica, el envejecimiento de la población española se dispara en el siglo XXI. Se estima que para 2016, más del 3% de la población será mayor de 80 años, creando una fuerte presión sobre los recursos y la red asistencial. En 2050, la tasa de dependencia será del 90%.
Geografía de la Percepción
El tema de la topofilia y la percepción de los lugares ha sido estudiado por el geógrafo más influyente en la actualidad, Yi-Fu Tuan, siendo el término de topofilia su más destacada aportación a la ciencia geográfica. Acuñó este concepto en Topophilia: a study of enviromental perceptio, attitues, and values (1974). Define personalmente topofilia como “todo lo que está relacionado con las conexiones emocionales entre el entorno físico y los seres humanos”. En Topophilia habla de que cada paisaje tiene una carga bipolar: el ser humano se encariña con el paisaje; así pues, el entronque del individuo con el paisaje depende del propio individuo y de su estado de ánimo.